Ya no podía tener más hijos, pero Dios y el caño Manamo le regalaron una
¿Recuerdan a la policía que atendió el parto de una warao a orillas del paseo Manamo? Bueno, ella es ahora la mamá de la bebé, esta es su historia.
Justamente hoy se cumplen nueve meses de aquel acontecimiento que se hizo viral en las redes sociales.
Su nombre es Elisángela Sanguino, una mujer de 41 años de edad. Es funcionaria de la Policía del estado Delta Amacuro. Pese a tener sus raíces en el estado Amazonas, ha vivido por al menos 30 años en Tucupita, la capital deltana.
El pasado 23 de octubre, su vida dio un giro inesperado en pleno ejercicio de sus funciones, cuando ella, junto a unas compañeras, lograron atender satisfactoriamente una emergencia de parto a orillas del paseo Manamo.
La mujer provenía de una comunidad indígena que está antes de Pedernales y muy cerca de Boca de Uracoa (Monagas). Recién llegaba al paseo malecón Manamo, el puerto que utiliza la mayoría de las familias que arriban desde estos caseríos para desembarcar y pernoctar. Estaba en estado de gestación.
Sin recursos económicos, con su pareja y sus hijos, permanecían en el malecón cuando de pronto comenzaron los dolores de parto. Casualmente, funcionarias policiales pasaban por el lugar y fueron notificadas de lo que sucedía, allí iba también Elisángela.
«Fuimos de inmediato a atender el caso. Gracias a Dios todo salió bien», relató la oficial Sanguino.
Afortunadamente llegaron a tiempo para ayudar a la mujer a dar a luz, mientras aguardaban por la ambulancia. Sanguino ya había atendiendo anteriormente casos similares, por suerte.
Posteriormente, la bebé y su mamá fueron remitidas al materno infantil de Tucupita.
«Después de eso fui a ver si ya la estaban atendiendo y efectivamente ya estaban en una habitación. En la tarde volví a ir para llevarle algunas cosas que necesitaba la bebé, la mamá no tenía nada, no tenía salario, por eso me sentí comprometida, sentí la necesidad de ayudar a la pareja», expresó la funcionaria.
Al día siguiente volvió a ir al materno. Al tercer día nuevamente quiso visitarlos, pero ya habían sido dadas de alta.
«Volví a ir, pero ya no estaban, me imaginé que los encontraría en el paseo y me fui para allá, gracias a Dios los encontré, nuevamente les llevé unas cosas de primera necesidad. No es fácil estar en esas condiciones. Compartí un rato con ellos, me gustó mucho la verdad. Creo que ellos también se sintieron bien con mi presencia, porque no todos tratan bien a los waraos, pero gracias a Dios he compartido desde mucho antes con los indígenas, he hecho labores sociales y me siento a gusto cada vez que puedo ayudarlos desde lo que pueda», relató.
Ya cuando se disponía a despedirse, notó que la pareja warao comenzó a murmurar.
«Yo vi que comenzaron a hablar entre ellos, me veían, hacían gestos y cuando ya me iba me dijeron: ‘agárrala’ (a la bebé), yo no entendía. La agarré, le di un beso y cuando se la quise devolver, los dos se sentaron a mi lado, uno por cada lado. Me volvieron a decir: ‘es tuya, nos gustaría que te quedaras con ella’; yo no supe qué decir al momento», manifestó Elisángela.
La pareja indígena reveló que no percibía un salario, tenía ocho hijos aparte y no podía garantizarle una buena vida a la niña, por lo que decidió dársela.
«Yo al principio no supe qué decir, creí que era una broma, pero luego comprendí que era cierto. Entonces vi de nuevo a la niña y comencé a tener una conexión especial con ella, así que acepté y me la llevé a casa. Hoy cumplió nueve meses exactamente», confesó Sanguino.
Actualmente está en proceso para la obtención de la colocación familiar y padre sustituto a través de los organismos competentes.
«Yo me siento muy bien. Tenerla conmigo ha sido una bendición de verdad. Me la llevo al trabajo, y convivimos bien con mi pareja y mis otros dos hijos. Siento que es una bendición porque el doctor me dijo que ya no podía tener más hijos por parto natural. Tengo dos hijos de siete embarazos, yo le había pedido tanto a Dios tener una niña y me la dio. Le doy gracias a Dios por eso».
Por Cristian Medina





