Por qué más jóvenes en Tucupita hablan como malandros y cómo comenzar a cambiar ese vocabulario
En las esquinas, liceos y calles de Tucupita, cada vez más jóvenes repiten palabras propias del mundo delictivo.
La capital deltana no escapa a esta realidad nacional. Se ha vuelto cotidiano escuchar a muchachos que no necesariamente son delincuentes hablar de esa forma, generando una gran preocupación entre padres y docentes.
Para la sociolingüista Carmen Teresa Rivas, esta conducta nace del deseo de encajar. «Los jóvenes buscan pertenencia. Al ver la cultura marginal hipervisibilizada en la música y las redes, imitan ese vocabulario para proyectar rudeza, sin medir el trasfondo de violencia que arrastra», explica.
A esto se suma que la escuela y el hogar han perdido fuerza en la corrección diaria del habla.
El problema va más allá de lo local. Al viralizarse este argot en plataformas digitales, fuera de nuestras fronteras se empieza a creer que esta forma de hablar representa a todo el venezolano, afectando injustamente el gentilicio de trabajadores y educados.
Empezando a cambiar
Para Rivas, el cambio no se logra con regaños ni prohibiciones vacías, sino con acción constante.
«Primero hay que rescatar el diálogo en casa y en los liceos de Delta Amacuro, enseñando que la buena comunicación abre puertas. Segundo, debemos ofrecerles a los muchachos otras referencias culturales y artísticas donde sí valga la pena verse reflejados. Y tercero, los medios locales y creadores de contenido tenemos la responsabilidad de promover un lenguaje limpio, demostrando que hablar con propiedad es moderno y atractivo», apunta la especialista.


