Cómo es el trato del criollo al warao actualmente y qué papel jugó Chávez, a pesar de la corrupción
A propósito del Día de la Resistencia Indígena, vale la pena mirar cómo ha cambiado la vida en Delta Amacuro. En las calles de Tucupita y a lo largo de los caños, la relación entre los criollos (como se le llama a los no indígenas) y el pueblo warao ha dado un giro muy importante. Ya no se trata solo de convivir de cualquier manera, sino de avanzar hacia un trato de mayor respeto y tolerancia, aunque todavía falte camino por recorrer.
Hace años, la realidad para los waraos era muy dura. Había muchos prejuicios, burlas e insultos en las escuelas y en la calle, donde se les miraba por debajo del hombro con ideas falsas y despectivas.
Hoy en día, el panorama es distinto. Poco a poco, los waraos han ido ganando terreno en la sociedad, en las universidades y en el trabajo. Ya no sorprende tanto ver a profesionales waraos ocupando cargos importantes, o medios de comunicación muy leídos e influyentes en el estado dirigidos 100% por talento indígena, como ocurre con proyectos como El Maraisa.
Este avance no pasa por casualidad. En los hogares y en las escuelas de ahora se enseña a los niños a respetar a todos por igual, sin importar si son indígenas, no indígenas o de piel oscura. Se van dejando atrás los insultos y las ofensas de antes.
Incluso en medio de la crisis y de los grandes problemas que ha dejado el gobierno de Hugo Chávez —donde la atención a las comunidades indígenas casi nunca ha sido la mejor—, aquel reconocimiento legal que se dio en su momento marcó un punto de partida. Aunque todavía hay mucho abandono social por parte del Estado, ese cambio en las leyes ayudó a que las puertas empezaran a abrirse.
Claro que todavía no es perfecto. Aún quedan personas que se incomodan o se sorprenden cuando ven a un warao triunfar en lo profesional, en lo social o en lo cultural, lo que demuestra que todavía hay un poquito de racismo escondido por ahí.
Pero lo más importante es que los indígenas no necesitan que nadie les haga el favor de «aceptarlos»; lo que se está construyendo es un verdadero encuentro de respeto entre personas iguales. El Delta de hoy demuestra que, con todo y las dificultades, las nuevas generaciones están aprendiendo a mirarse cara a cara, con respeto y sin discriminación.



1 comentario