Qué fue de los cybers en Tucupita y cómo lograron sobrevivir
«¿Señor, me pones el arroba?»
En la Tucupita de los años 2000 y 2010, los cybers eran el centro de la vida social, porque no todos tenían acceso a internet en casa. En la capital deltana habían entre 8 y 10 locales siempre llenos.
Todos tenían que hacer cola para conseguir una de las 20 computadoras disponibles, ya fuera para investigar una tarea del liceo, jugar en red o revisar el correo.
Esa época coincidió con el boom de Facebook. En los cybers era común que el tiempo contratado se acabara de repente y la pantalla se bloqueara sin cerrar la sesión. El cliente que venía atrás no perdonaba: abría el perfil expuesto y publicaba alguna broma o falsa confesión, en lo que fue la primera versión del troleo entre amigos.
La llegada de los teléfonos inteligentes y el wifi masivo a los hogares cambió el panorama y vació las salas. Sin embargo, algunos locales lograron adaptarse para no desaparecer.
Hoy, los pocos que sobreviven tomaron dos caminos:
Salas de consolas: Cambiaron las viejas computadoras por consolas como PlayStation 4 o Nintendo Wii, manteniendo la visita de niños y adolescentes para jugar.
Oficinas de trámites: Redujeron sus equipos a solo 4 o 5 computadoras y convirtieron al dueño en un gestor.
Esta última modalidad se convirtió en un servicio sobre todo para personas con poco acceso o manejo de la tecnología, entre ellos miembros de comunidades waraos que viajan desde los caños a realizar diligencias. Allí se recuperan claves de la plataforma Patria, se tramita el RIF, se imprimen referencias bancarias o se gestionan citas de cedulación.
Estos servicios varían de precios por trámites: 1.000, 2.000 o hasta más bolívares.
Aunque el letrero siga diciendo «Cyber», ya no son aquellos lugares para chatear por horas, sino una ayuda para resolver la burocracia del día a día.



1 comentario