Cómo las estafas también han evolucionado para que los deltanos sigan cayendo
Robar dinero a la gente no es algo nuevo, pero las formas de hacerlo sí han cambiado. En el estado Delta Amacuro, los estafadores pasaron de engañar frente a frente en la calle a usar los teléfonos inteligentes.
Al principio, las víctimas eran los adultos mayores. Los delincuentes los buscaban en persona prometiéndoles combos de comida. Con el cuento de «agilizar el pago», les pedían la cédula, la tarjeta de débito y la clave. Les decían que ya volvían con la bolsa de alimentos, pero al darse la vuelta, corrían al cajero o a un punto de venta y dejaban la cuenta vacía.
Tiempo después, la trampa se mudó a los mensajes de texto. ¿Quién no escuchó o recibió el famoso «Hola, soy Ana, cambié de número y estoy vendiendo dólares»? Con ese mensaje tan sencillo cayeron varias personas.
Hoy en día, aunque a diario salen alertas en la radio y en las redes sociales, la gente sigue cayendo. Los estafadores aprendieron a jugar con lo más delicado: la necesidad económica, las emergencias del día a día y la buena fe de la gente.
Hace poco, una joven de 28 años casi pierde dinero por un mensaje en Telegram. Le prometían un supuesto regalo de 2.600 dólares, pero para «liberar» el pago, ella debía transferir primero 10.000 bolívares a una cuenta desconocida. Por suerte, antes de enviar el dinero le pidió ayuda a unos conocidos que le abrieron los ojos a tiempo: era una estafa.
En los últimos días también se ha vuelto viral un mensaje que promete un supuesto beneficio económico enviado por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Las autoridades insisten en que se trata de un engaño más para sacarle dinero a la gente o robarle sus datos.
La recomendación sigue siendo la misma: dudar de todo lo que regale dinero fácil, no entregar claves a desconocidos y consultar con la familia antes de hacer cualquier transferencia extraña.



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