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Por qué los docentes reciben dos golpes emocionales entre septiembre y octubre de cada año

🕒 Publicado a las 3:53 PM (Hora de Venezuela)
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Volver al trabajo después de un tiempo de descanso nunca es fácil. Para cualquier persona, el cerebro necesita unos días para asimilar el fin de la libertad y adaptarse otra vez a que todo debe ser rápido, las normas y los horarios estrictos.

Los especialistas en psicología llaman a esto estrés posvacacional y explican que no se trata de flojera, sino de una reacción natural del cuerpo que busca proteger su estado de calma frente a un cambio brusco.

Sin embargo, para los maestros venezolanos la vuelta a los salones en este inicio de año escolar va mucho más allá de ese cansancio habitual. Al esfuerzo de madrugar y retomar el trabajo se le suma otra realidad: volver a un empleo que no les alcanza para vivir.

Cuando el dinero del sueldo ni siquiera cubre los pasajes de transporte o la comida de la semana, la mente deja de ver el trabajo como una meta y empieza a sentirlo como una pérdida de recursos y de tranquilidad.

Esta situación genera un choque muy duro entre el cariño por los alumnos y la frustración económica. Limpiar las aulas, organizar horarios y asistir a las primeras reuniones bajo estas condiciones produce un agotamiento antes de tiempo.

Como lo explica el psicólogo Crisbert Rojas a través de un abordaje por WhatsApp: «no es que el educador haya perdido su vocación; es que resulta humano sentirse abrumado cuando el esfuerzo profesional no se traduce en estabilidad para el hogar.
Entender este malestar es el primer paso para apoyar a los docentes y no juzgar su desánimo».

Ante esta realidad, Rojas recomienda que las escuelas reduzcan la carga en los primeros días, que los maestros cuiden su ritmo de trabajo sin exigirse de más y que se apoyen entre colegas.

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