¿Retorno al trabajo el lunes? Por qué la normalidad laboral tendría que esperar tras el sismo del 24 de junio
Por: Nayrobi Mata.
Politóloga y especialista en Seguridad Ciudadana.
El «doblete sísmico» del pasado miércoles —con eventos consecutivos que sacudieron los cimientos de Venezuela con magnitudes de 7.2 y 7.5— no solo representa el fenómeno sismológico más severo que ha enfrentado el país en un siglo, sino que ha puesto a prueba la capacidad de respuesta institucional del Estado. Con la vigencia de un Decreto de Estado de Emergencia Nacional, una interrogante lógica recorre las oficinas, comercios e instituciones de Tucupita y de todo el país: ¿Es posible retomar las actividades laborales normales este próximo lunes?
Mirando el panorama desde una perspectiva técnica de seguridad ciudadana y administración pública, la respuesta corta es no. La prudencia institucional dictamina que una normalización tan prematura es sumamente improbable. Una crisis de esta envergadura exige priorizar la gestión del riesgo sobre la premura productiva, sustentada en tres pilares fundamentales.
1. La Evaluación de Daños Estructurales (EDAN)
Antes de autorizar el reingreso masivo de personal a ministerios, sedes gubernamentales, comercios y centros educativos, los cuerpos de bomberos y Protección Civil deben aplicar los protocolos de Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades. Con sismos de esta escala, el peligro real no siempre es visible a simple vista; la fatiga de materiales y las microfisuras en las bases de soporte de los edificios requieren inspecciones técnicas minuciosas. Pretender que en menos de 72 horas se validará la habitabilidad de miles de estructuras en el territorio nacional es logísticamente inviable para los equipos del Estado.
2. El factor de las réplicas y la amenaza geológica
Hasta la fecha, la red sismológica ha registrado más de 130 réplicas. En la doctrina de gestión de desastres, someter a la masa laboral a espacios cerrados de alta densidad bajo una actividad sísmica persistente incrementa el riesgo de manera irresponsable. Una réplica moderada en una estructura previamente debilitada, sumada al pánico colectivo y al colapso de las vías de evacuación, podría derivar en tragedias humanas perfectamente prevenibles.
3. Centralización de servicios públicos y vialidad
El Estado de Emergencia faculta al Ejecutivo para redirigir de forma exclusiva todos los recursos logísticos, energéticos y humanos hacia la asistencia humanitaria y la restitución de servicios esenciales. En este escenario, el suministro eléctrico, el agua potable y las redes de telecomunicaciones se priorizan para hospitales, refugios y zonas de rescate. Mantener la operatividad de la administración pública no prioritaria o del sector comercial de oficina pasa a un segundo plano.
¿Qué escenario nos espera el lunes?
El aparato productivo nacional y regional no puede detenerse indefinidamente, pero el retorno a las aulas y oficinas no será lineal. Lo técnicamente previsible es un retorno asimétrico y restringido:
Sectores de primera línea: Salud, seguridad, rescate y servicios básicos operarán bajo esquemas de contingencia y turnos extendidos.
Sector comercial básico: Alimentos y farmacias mantendrán horarios controlados para garantizar el abastecimiento de la población.
Administración pública y educación: Es altamente probable la extensión de la suspensión de actividades presenciales. En el caso educativo, muchas infraestructuras escolares suelen ser requeridas como centros de acopio o refugios temporales en las regiones más afectadas.
La seguridad como premisa
A nivel local, en Delta Amacuro, las autoridades civiles y de prevención deberán mantener el monitoreo y la calma en la población, enfocando los esfuerzos en la verificación de nuestras propias infraestructuras críticas.
Superar el impacto de un sismo de magnitud 7.5 toma tiempo. Aunque la necesidad de reactivación sea apremiante, la prioridad de las políticas públicas en las próximas horas debe seguir siendo la salvaguarda de la vida y la mitigación de vulnerabilidades. El lunes no será un día de normalidad; será un día de evaluación, resiliencia y prudencia institucional.


