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La deltana que fue esclavizada y luego echada a la calle sin pago en Puerto Ordaz

Lo que comenzó como una oportunidad para ayudar a su familia, se convirtió en una pesadilla de tres meses para Luciennys Guilarte, una joven de 18 años de la comunidad de Playa Sucia, en Tucupita. Su caso es uno de otros de la vulnerabilidad de las mujeres indígenas al irse a trabajar de doméstica.

Guilarte, madre de un niño de 4 años, se fue en enero hacia Puerto Ordaz, estado Bolívar. Fue invitada por una amiga para trabajar en una casa de familia.

El acuerdo era que debía limpiar, cocinar y cuidar a una adulta mayor, madre de la dueña de la casa. Por esto recibiría un pago de 60 dólares que nunca llegó a sus manos.

La joven, quien solo alcanzó a estudiar hasta el cuarto grado, fue sometida a trabajos esclavizantes que violaba cualquier derecho laboral: debía estar despierta hasta las 4:00 de la madrugada para atender a la adulto mayor, y pocas horas después, ser la primera en levantarse para cumplir con el resto de las tareas del hogar.

Más allá del cansancio físico, Luciennys sufrió constantes agresiones psicológicas y físicas. Según su testimonio, los maltratos llegaron al extremo de que varias veces le tiraron el plato de comida en la mesa.

Cuando la casa recibía visitas, a ella se le negaban las comodidades básicas y era obligada a alimentarse únicamente con las sobras de los demás.

Echada a la calle

El pasado sábado 11 de abril, tras meses de esclavitud sin pago, la situación alcanzó otro nivel. La dueña de la casa la sacó a la calle bajo acusaciones de haber hurtado un teléfono celular y 10 dólares, dejándola a su suerte, sin dinero y lejos de su casa.

La indígena informó que la casa tenía cámaras y ella retó a la señora a revisar estos equipos, ya que está segura que no hurtó nada. Añadió que, así como ella, ya ha despachado a otras tres mujeres bajo la misma acusación.

Cerca de las 10:00 de la mañana, la joven fue auxiliada por un conductor particular que, al ver su estado, la llevó hasta el terminal de pasajeros de Puerto Ordaz. Gracias a gestiones en el lugar, Luciennys logró conseguir el traslado de retorno a Tucupita, donde finalmente pudo reencontrarse con su hermana y familia de su cuñado.

Un llamado a la prevención en las comunidades indígenas, en warao

Yatu aukatidatuma tata inatabanakatakotu, jotaraotuma aremunuka toatía. Awajabara yakeramunuka, takore tata asiratubuya. Yatu a warao jotarao daisasaba wabikitia, número de teléfono ama, dirección, tane, asira moaya, tatukamo tidatuma weba konaruya, wabikitane, aisiko bitakitane, nakitane. Tiakuaresike, oy taisía. Ibomatuma najobukore, oy, awajabara yakera naminakitane ja: katukane jate, kasaba jate. A número de teléfono, a dirección nomera. Tataisiko narukitaneja yakera mikitane. Toatanajakore, yatu a waraotida inatabanakatakotu.

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