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Él se fue, ella agarró el motor

🕒 Publicado a las 9:50 AM (Hora de Venezuela)
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​A Del Valle algunos la conocían como «la mujer del motor». A sus 42 años, esta mujer warao de la comunidad de Jubasujuru, en el municipio Antonio Díaz, no tenía tiempo para lo que dijeran de ella.

Cuando apenas amanecía, ya había terminado de subir a su curiara las pacas de harina de trigo, azúcar y cigarros. También llevaba chucherías, que siempre se han vendido bien en los caños.

​Del Valle vivía en una casa de palafito que ella misma ayudó a construir. Tenía cinco hijos: los dos mayores estudiaban bachillerato en Tucupita y los tres pequeños iban a la escuela de la comunidad cuando había maestros.

Su vida cambió cuando su esposo se fue a Guyana y no regresó más; le envió dinero algunos meses, pero luego desapareció. ​Ella no lo esperó y tomó el mando del negocio familiar.

​»Muchos creían que una mujer solo estaba para los oficios de la casa, pero el hambre de mis hijos no esperaba. Me tocó aprender a manejar el motor», contó Del Valle, quien ahora vive en Brasil, luego de que uno de sus hijos se radicara allá tras graduarse de ingeniero.

​Viajar desde Volcán hasta Jubasujuru le tomaba entre 6 y 8 horas de navegación seguida, dependiendo de cuánto peso llevaba en la embarcación. En su curiara transportaba alimentos no perecederos y mercancía que ella misma negociaba en los comercios de Tucupita para revender en los caños.

​Del Valle sacaba sus cuentas, sabía cuánta gasolina gastaba y se administraba bien para que el dinero alcanzara.

​»Mis hijos me veían llegar cansada y oliendo a gasolina, pero ya crecieron y yo me puse vieja; ahora ellos son los que me ayudan», relata con orgullo.

​Desde El Maraisa, saludamos a esas mujeres que, como Del Valle, han estado en pleno río, calle u oficina, trabajando con dignidad para sacar adelante a nuestro estado.

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