«La artesanía warao no se repite»
Es la frase que utilizó una joven cuando adquirió una de estas bellezas, lo que me motivó a realizar este corto, pero significativo texto.
Por Cristian Medina
La artesanía warao es un milagro que no se repite. No hay dos piezas iguales, no los hay; nace de ese lugar sagrado donde el amor y la pasión se encuentran para crear algo eterno.
Es el alma del moriche convertida en arte. En cada hebra vive la esencia pura de nuestros ancestros, la voz de la selva que se niega a callar y que encuentra en nuestras manos un nuevo aliento.
Es más que un objeto: es nuestra historia viva.
Con una creatividad que parece brotar del mismo río, nos regalan diseños que nos invitan a viajar con la mirada. Cada color y cada detalle son el resultado de una danza silenciosa; el movimiento rítmico de las manos de la mujer warao y de los hombres que también guardan este saber.
Para el que mira desde fuera, es un deleite, una caricia para los ojos. Pero para ellas, cada nudo es dedicación absoluta. Es la fuerza de quien transforma el paisaje en esperanza, convirtiendo la belleza en el sustento que mantiene encendido el fuego del hogar.
Dedicatoria especial para Fabiola Jiménez, habitante de Araguaimujo, municipio Antonio Díaz, la creadora de estos diseños.



