Cuatro claves para entender por qué nos reímos de los memes de infidelidad, pero reclamamos en la vida real
Es un fenómeno social que El Maraisa detectó, del que nadie te ha hablado, y ahora lo analizamos junto a una psicóloga y un sociólogo.
Ellos han destacado cinco claves para entender por qué nos parece un chiste la infidelidad, pero a la hora de la verdad, puede convertirse en violencia. Agradecimientos a los profesionales, Adriana Rojas y Luis González por responder a las inquietudes.
1. El chiste para tapar el dolor
«Nos reímos para que no nos duela. En Tucupita, compartir el meme del «venado» es una forma de escapar a la realidad o al chalequeo. No es que la infidelidad haya dejado de ser un problema, es que el humor simula el contexto, porque seguramente a nadie le gustaría una infidelidad».
2. Quítate tú, para ponerme yo
«Hoy parece que las relaciones son desechables. Antes se buscaba arreglar las cosas; ahora, entre el chisme y la facilidad de un WhatsApp, la gente siente que siempre habrá un sustituto o una sustituta. Esa sensación de que nadie es indispensable hace que el engaño se vea como un error común y no como una falta de respeto».
3. Una cosa son las redes y otra la vida real
«Aquí en el centro o en los barrios (habla del caso de Puerto la Cruz), la infidelidad sigue siendo un tema de honor. Puedes publicar mil chistes, pero cuando el cacho tiene nombre y apellido conocido, la risa se acaba y empiezan los reclamos y la violencia».
4. Cuestión de corazón y mente
«No sé si sea así en Tucupita, pero los jóvenes dicen ser «open mind», pero las escenas de celos en las plazas dicen lo contrario. Se está creando una generación que hace memes para parecer que nada les afecta, cuando por dentro están igual de rotos. La violencia que ves en la calle es la prueba de que, por más que nos riamos, el engaño sigue dañando».


