Capítulo III – El golpe y la revelación
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La tarde estaba pesada en Tucupita. El calor hacía que el asfalto pareciera derretirse, y los mototaxistas buscaban sombra bajo los árboles mientras esperaban clientes. Mariela, decidida a ni dejarse vencer por el miedo, prendió su moto azul y salió rumbo al mercado municipal.
En la esquina de la avenida Orinoco, un carro frenó de golpe. Mariela intentó esquivarlo, pero el sueño se cumplió: el chirrido de los frenos, el golpe seco contra el pavimento, y el silencio. Por un momento todo fue oscuridad.
Cuando abrió los ojos, estaba rodeada de gente. Un mototaxista la ayudaba a levantarse, mientras otros gritaban buscando una ambulancia. El dolor era real, pero también había sobrevivido. El sueño no era un invento, era una advertencia.
Mariela entendió que escuchar al sexto sentido es también una forma de salvarse.
El accidente la dejó con heridas leves, pero con un aprendizaje: la intuición humana, ese presentimiento que muchos llaman sexto sentido, puede ser tan fuerte como cualquier señal.


