El español que llegó a los caños del Delta entre sospechas de ser un terrorista del grupo ETA
Al fondo y entre arbustos, la casa en la que José Sola vivió sus últimos días, antes de regresar a España
Ya toda la humanidad sabe de lo que fueron capaces de hacer los españoles con los indígenas, al obligarlos a trabajos forzados, engañarlos, darles falsas expectativas de crecimiento y hasta asesinarlos, mientras eran ellos los que construían un imperio con el argumento actual de «civilizarlos». Todo hubiese sido diferente si este encuentro hubiese sido más humano, más allá del desarrollo. Ese no fue el caso de la historia que relatamos a continuación.
Finalizaba los año 80 cuando un extraño español arribó íngrimo y solo a la localidad de Araguaimujo, a unas 3 horas por vía fluvial desde Tucupita, estado Delta Amacuro. Se presentó como un aventurero por el mundo y ya no dio más explicaciones.
De piel y ojos claros, de unos 1,80 metros de altura, eligió construir su casa apartada de la comunidad, en el silencio, entre lo más boscoso, solitario. Como temiendo a ser descubierto, escondido. Nadie sopesó en este perfil o característica, hasta llegado el milenio, cuando Araguaimujo se levantaba como emporio de profesionales y académicos y la televisión comenzaba a llegar con fuerza a Tucupita, la capital de la entidad.
Fue cuando comenzaron a sospechar de que, José María Sola, un español de la provincia de Navarra, al norte de España, huía de la persecución oficial por formar parte del grupo terrorista español, ETA, que significa: Patria Vasca y Libertad, pero en el idioma vasco.

De ideas de cambios, de rebeliones, de romper con lo establecido para atreverse a, así fue José María. Un puñado de araguaimujeros siguió su ideología, llegando a nada por tratarse de iniciativas muy comunistas. Nunca más regresó a Tucupita hasta después de 20 años, justo cuando el grupo ETA entregó las armas y progresivamente se fue desintegrando.
El grupo ETA comenzó en España en 1959. Primero buscaban la independencia del País Vasco y pronto tomaron las armas, después el terrorismo. Entonces su popularidad se vino abajo y los gobiernos democráticos comenzaron a combatirlos.

Entre los años 80 y 90, el presidente del gobierno español, Felipe González, intentó un diálogo con los terroristas, fracasando finalmente entre altibajos. Desde entonces, siguieron cometiendo atentados, retomándose las persecuciones. Esto a modo de resumen.
Cuando se le preguntaba a José María Sola por si era un etarra prófugo, lo negaba. Las preguntas se las hacían sobre todo jóvenes rebeldes que ya cursaban estudios fuera de Araguaimujo.
José María Sola estuvo en Araguaimujo por 40 años. Nunca le hizo daño a nadie, aportó ideas comunitarias y sentía admiración por los indígenas de esa comunidad: «ustedes son muy diferentes al resto» solía decir.
Fue pareja de una indígena de Yarita, una comunidad más oculta en los caños y la llevó a vivir a su casa en Araguaimujo. Nunca tuvieron hijos, pero se quisieron mucho hasta que la relación acabó.
Finalmente trabajó la ganadería y por eso fue atacado en varias oportunidades por la entonces emergente banda de Evander Barradas.
Si es que formó parte del grupo ETA, ojalá haya sido solo por la ideología de independencia y no por apoyar poner bombas en el metro de Madrid.
José María Sola falleció en España en 2023 producto de un cáncer, que en paz descanse. Araguaimujo siente su partida con admiración y respeto.
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