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«Limpiaba casa y cuidaba a un señor mayor en Trinidad, hasta que quisieron violarme»

🕒 Publicado a las 4:21 PM (Hora de Venezuela)
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Francisca migró a Trinidad y Tobago en agosto de 2022. Vivía en Tucupita con una mujer que la cuidó como si fuera su mamá, pero luego de la pandemia en Venezuela, la crisis se acrecentó en su casa y una de ellas tuvo que migrar.

Se había ganado la confianza de la que ya consideraba su mamá en Tucupita. Con 22 años de edad, decidió irse a Trinidad.

A través de una amiga consiguió un trabajo como cuidadora de un adulto mayor y limpiaba la casa tres veces a la semana, además de cuidar a un anciano. Toda su familia lo abandonó y se fue a Estados Unidos. Solo uno de sus hijos permanecía en Trinidad y Tobago, pero apenas aparecía una o dos veces por semana.

Las instrucciones las recibió de una mujer trinitaria. Francisca iba los días lunes, miércoles y jueves. Por eso le pagaban 30 dólares por jornada.

Un día llegó, se puso cómoda y comenzó a limpiar la casa, pronto apareció un hombre alto, negro, y con pelo rasta: el aspecto descuidado de este le generó toda la desconfianza y gritó. El hombre le dijo que se calmara porque él era el hijo del señor que ella cuidaba.

Los malos presentimientos comenzaron a invadir a Francisca. Ningún hijo había visitado tanto a su papá desde ese día. Ahora el rasta iba cuando Francisca iba. Apenas se saltaba los lunes.

Era un viernes de octubre del año 2024, el país celebraba la fiesta nacional denominada Divali. Francisca se apuró ese día para salir temprano, ya que la mayoría de los trinitarios se recogían en casa para festejar esta fecha.

Subió a las habitaciones para limpiar y al abrir la última por atender, el hombre rasta estaba semidesnudo acostado en una cama. Ella quedó petrificada y luego salió de la habitación rápido. Él le dijo que se pondría algo para que siguiera la faena.

Luego ella regresó y él estaba en paño doble, una especie de pijama, pero aún semidesnudo: fue cuando la abrazó. Ella forcejeó con él, gritó y logró zafarse. «Creo que el grito hizo que me soltara, me quería tirar hacia la cama».

Fue la última vez que Francisca estuvo en Arima y se mudó a Puerto España. Nunca denunció ante la policía porque considera que los venezolanos migrantes no reciben justicia. Solo alerta a las mujeres tener cuidado con el trabajo que acepten en uno de los países más peligrosos del Caribe.

Ahora leo El Maraisa: https://www.facebook.com/profile.php?id=61577569562527

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