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«Y hay gente que se queja», Maiza Amundarai resiste a la inundación

🕒 Publicado a las 11:44 PM (Hora de Venezuela)
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Maiza Amundarai, de 36 años de edad, es el vivo ejemplo de que las mujeres son guerreras, destacan en el orden y en la cercanía familiar; esto no es una afirmación que tenga que ver con alguna promoción de igualdad de género o publicidad para posicionar una marca, no. Ella le planta cara a la adversidad natural por la crecida del río Orinoco en Delta Amacuro, cada año.

Cuando llegamos a la comunidad de Boca de Araguaíto, una localidad que está en la zona fluvial del municipio Tucupita, ya era el mediodía del jueves 21 de agosto. Su casa de bahareque, como la mayoría de los hogares de este sector, nos abrió las puertas. Allí entramos todos, un poco apretujados, pero lo bastante cómodos como para hacer el trabajo: por un lado, la comisión gubernamental y por otro, unos periodistas que buscábamos historias de resiliencia en momentos complicados que la naturaleza impone.

El nivel del río no ha llegado hasta su casa y todos allí oran porque pronto comience a bajar. Ella vive junto a su familia y cuida mucho a su papá, un señor de unos 90 años de edad. El adulto mayor rápidamente se sentó en su hamaca, saludó y consintió varios abrazos: los años no le pesan el seguir siendo jocoso, echador de broma, pero sobre todo, buena gente. Al rededor de todos, unos niños miraban con atención el abordaje oficial con entrega de comida, medicinas y ropas.

«Aquí estamos a la orden, bienvenidos siempre, tenemos el agua casi cerca, pero seguimos pa lante», dijo la señora Maiza, quien de vez en cuando se monta en una curiarita y rema a canalete en busca de pescados. Tras su arribo, busca el machete y va a cortar los últimos racimos de plátanos o topochos que siguen en tierra firme, o que el agua no se ha devorado. «Con eso nos hemos aguantado todos los años en este tiempo y así hay gente en Tucupita, o en otras partes, que se queja de todo, estando bien», dijo con seguridad.

Maiza aguarda con paciencia que baje el río, pero mientras tanto, cada día mira el nivel del agua. Agradeció a Dios que todavía no ha llegado a la cota del año 2018, cuando le arrancó parte de su casa, llevándose consigo meses de esfuerzo. Durante esa crecida, su cocina permaneció varios meses bajo el agua, ya que no pudo entrojarla. Por eso ahora espera en algún momento decirle personalmente a la gobernadora, Loa Tamaronis, que le gestione una nueva. La que tiene está oxidada y las llamas se han vuelto peligrosas.

Ya debíamos irnos a otras comunidades, cuando, desde el fondo de su casa, Maiza y otros vecinos de la comunidad, con el agua por las rodillas, nos ofrecieron racimos de cambur, topocho y plátano. No se trata de algún tipo de coacción, condicionamiento o retribución por alguna atención recibida: es puramente solidaridad, cercanía y que, de por sí, el deltano es así, buena gente. En este punto se dejan a un lado los protocolos y sale a relucir la humanidad.

«Si Loa quiere ayudarme, que me llame al 04262350265».

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