Quinta estación: el desconocido que se la jugó por Javier
A Javier se le vino el mundo encima en la caja de un comercio en Tucupita. El pago móvil no abría, la señal estaba caída y la tarjeta se le quedó en la casa. Con la comida ya en el carrito y la cola larga, la desesperación era una cruz. Estaba por dejarlo todo e irse con las manos vacías.
De la nada, un señor que estaba atrás, sacó su tarjeta: «pásala ahí y luego nos arreglamos». Se arriesgó a perder su dinero por alguien que ni conocía, pero tal vez lo vio serio. No era mucho la compra.
Horas más tarde, Javier llegó a su casa, buscó el dinero y se lo devolvió completo con un «Dios se lo pague».
La solidaridad no es solo apoyar los brazos en el hombro de alguien más, es creer en la palabra del otro, en que todavía hay personas de palabra y buena fe.


