La tarde en que la esperanza tocó a la puerta
Por Cristian Medina
No fue un despliegue más; fue un encuentro de voluntades.
Lo que para las estadísticas representa un número en el sistema 1×10, para cientos de familias en las parroquias capitalinas se tradujo en el suspiro de alivio que llevaban años conteniendo.
Bajo la luz de una tarde que parecía entender la importancia del momento, la ciudad fue testigo de un despliegue humano sin precedentes.
No se trataba solo de logística, sino de cumplir promesas.Vimos manos cargadas de futuro: sillas de ruedas, bastones y artículos esenciales que llegaron para sanar carencias profundas.
En cada casa visitada, el protocolo quedó en segundo plano ante el abrazo sincero y la lágrima contenida.
Fue la jornada donde la ayuda no solo llegó por correo o mensaje, sino que caminó por las calles de nuestra capital para mirar a la gente a los ojos y decirles: «no están solos».
Es esa la tarea y es la tarea de Loa Tamaronis para su equipo de trabajo, que bien ha cumplido.







