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La preocupación de los chips anticonceptivos y las infecciones de transmisión sexual en el Delta

🕒 Publicado a las 7:04 PM (Hora de Venezuela)
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En comunidades de Delta Amacuro, pero mayoritariamente en su capital, Tucupita, se ha vuelto cada vez más común que mujeres jóvenes —y también sus parejas— prioricen el uso del implante anticonceptivo subdérmico (popularmente conocido como chip), como principal método de prevención. El objetivo es claro: evitar embarazos no deseados en un contexto donde la crisis económica y la falta de acceso a servicios de salud, son una traba.

Sin embargo, esta elección está generando un efecto secundario preocupante: la falsa sensación de seguridad. Una vez colocado el implante, muchas mujeres y hombres dejan de usar preservativos, aun cuando estos son el único método que reduce el riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS). Según organizaciones de salud sexual, el implante anticonceptivo no protege contra ITS.

Un método eficaz, pero incompleto

El implante subdérmico, mejor conocido como chip en el Delta, es uno de los métodos anticonceptivos más efectivos, con una protección cercana al 99% frente al embarazo, según especialistas en ginecología. Su duración—entre 3 y 5 años— y su facilidad de uso lo convierten en una opción para mujeres con acceso limitado a controles médicos frecuentes.

Pero esa misma eficacia puede generar una peligrosa confusión: creer que “estar protegida” es igual a estar protegida de todo.

Médicos consultados en publicaciones especializadas, insisten en que ningún anticonceptivo hormonal previene infecciones como VIH, sífilis, gonorrea o clamidia. Solo el uso constante del condón puede reducir significativamente estos riesgos.

En Delta Amacuro la situación se agrava por varios factores:

  • Desinformación: muchas mujeres reciben el implante sin recibir educación sexual integral que explique sus límites.
  • Machismo: en varias comunidades el hombre decide si se usa o no preservativo.
  • Acceso limitado a condones: en zonas lejanas, conseguir preservativos puede ser más difícil que acceder a un implante distribuido por programas de salud.

Los especialistas coinciden en que el implante es una herramienta valiosa, pero debe ir acompañado de:

  • Educación sexual clara y accesible,
  • campañas que expliquen la importancia del condón,
  • programas comunitarios que involucren a hombres y mujeres,
  • y un enfoque intercultural que respete las dinámicas locales, especialmente en comunidades indígenas.

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