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«Creíamos que Trump nos iba a bombardear como a otras lanchas», la historia de migrantes deltanos que lograron llegar a Trinidad

🕒 Publicado a las 11:43 AM (Hora de Venezuela)
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En medio de los ataques de Trump en el Caribe y el temor que estos han desatado en las costas de Venezuela, un grupo de deltanos migrantes relató cómo lograron llegar con vida a Trinidad y Tobago

El bote de fibra tipo peñero partió desde un lugar clandestino de Tucupita a las 2 la madrugada del pasado 20 de septiembre, cuando el mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, ya había destruido al menos tres embarcaciones en las cercanías de Venezuela. Al día de hoy van siete ataques.

Adrián, de 18 años de edad, iba en esa embarcación donde solo había hombres. Los organizadores del viaje clandestino les había advertido acerca de lo peligroso que sería el transcurso. De por sí, estos son de altos riesgos, pero ahora con drones al asecho en aguas del Caribe, todo era más extremo, y por eso obviaron a mujeres y niños.

En total eran 11 hombres, todos ellos ya con trabajo seguro en Trinidad y Tobago, mayoritariamente en los sectores construcción y agrícola. Sabían del riesgo que corrían, pero «todos estábamos aguanta’os pa todo».

Amanecieron en algún lugar de la costa deltana, conocida como una de las barras. Allí tuvieron que esperar la noche para poder cruzar desde el Delta hasta la isla de Trinidad, porque además de los posibles bombardeos, también tenían que burlar la seguridad de la Guardia Costera trinitaria.

Al recibir una llamada, el bote puso su proa con dirección a Trinidad en medio de olas no tan bravas: todos se persignaron, lo recuerda Adrián.

«El bote le puso mecha a los motores y salimos, era de noche, algunos veían a los lados, otros adelante, pero también arriba, por si un dron nos lanzaba misiles», relató Adrián.

Todos estaban casi paranoicos en algún punto entre Venezuela y Trinidad, porque avistaron luces verdes, aunque tenues, sobre ellos. Por un momento el bote bajó la velocidad, pero las olas estuvo por hacerlo zozobrar, entonces el motorista tuvo que «arrancar de nuevo». ¿Cocuyos, dron, avión? Había angustia.

Allí arriba seguían las luces, todo estaba oscuro. En algún momento varios quisieron lanzarse al agua para intentar salvarse de un posible ataque con misiles, pero ya habían decidido morir en el bote.

Finalmente aparecieron otras luces, pero las de un pueblito aislado en Trinidad, clandestino, como un campamento en el que refugian a venezolanos migrantes, y supieron que estarían bien.

Cada segundo que pasaba en el bote, Adrián no recordaba más nada sino las imágenes con visión nocturna e infrarroja de los ataques de Trump a las lanchas con presunta droga.

«Pensé que sería mi última vez y que el mundo vería mi muerte».

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