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«Me quedé sin uno de mis senos, pero con vida»

🕒 Publicado a las 2:50 PM (Hora de Venezuela)
🌓 Leer en modo oscuro

Cuando le dijeron a Susana que podría tener cáncer de senos, se desmayó del impacto. Al despertar, su lucha apenas comenzaba.

Susana, una mujer de, para ese entonces 36 años de edad, comenzó a sentir molestias en uno de sus senos. Al principio creyó que se trataba de algo normal producto del periodo o de su brasier, pero se hizo más recurrente.

De la molestia pasó a sentir más concretamente presión en uno de sus senos, que le comenzó a dar fiebre. Entonces fue el momento en el que decidió ir al médico. Cuando la examinaron, aparentemente estaba todo bien. En esa primera cita solo se habló de cambios hormonales, pero el dolor seguía.

Susana ya no podía conciliar el sueño por el dolor y las fiebres. Esta vez llegó la expulsión de leche materna, aun cuando no estaba en estado.

«No estaba embarazada ni amamantando y aun así botaba leche, fui al médico otra vez en Ciudad Bolívar y me mandaron a hacer la mamografía y otros exámenes hormonales».

Es la segunda sesión de exámenes y a Susana no le hallaban lo que estaba alterando su prolactina, una hormona encargada de la lactancia y otros tejidos de los senos. Su médico creyó que debía ir al psicólogo, pero ella sabía que algo andaba mal.

Una semana después, regresó desde Tucupita hasta Ciudad Bolívar. Susana estaba peor y ya no tenía los recursos como para cambiar de médico, ni clínica. El doctor que inicialmente la atendió, todavía tenía una opción para ella: un estudio de tejidos, que analizaría con unos colegas. Ella se quedó en Ciudad Bolívar esperando los resultados.

Fue priorizada y al quinto día la llamaron a las 8 de la mañana: «Susana, cómo estás, es posible que tengas cáncer, necesitamos operarte hoy mismo».

Susuna, que estaba con su hermana menor, se desmayó por unos minutos y fue llevada a la clínica de emergencia. La alistaron y le extrajeron uno de sus senos.

Un diminuto tumor estaba haciendo presión en un nervio clave, y este a su vez, fue tapando la funcionalidad del resto. Casi eran tejidos muertos. De allí la alteración de la prolactina y el resto de los síntomas.

Aunque Susana respiró luego de que se le detectara el problema, a partir de allí surgieron todas sus preocupaciones. Anualmente viaja para hacerse nuevos exámenes y descartar alguna enfermedad. Primero la angustia la estaba deprimiendo, pero progresivamente salió de este trance y esta vez sonríe.

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