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«Esa mujer me caía a palos»: hasta qué punto los hombres callan la violencia de género en Tucupita

🕒 Publicado a las 11:59 PM (Hora de Venezuela)
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Manuel conoció a Amada el 28 de julio de 2024, cuando se celebraban las elecciones presidenciales en Venezuela. Estando en la cola para votar muy temprano en la mañana, saludó a la que sería su novia solo por ocho meses. Ambos con 25 años de edad, viven en Tucupita; solo que ahora cada quien por su lado. Esta es la versión de quien asegura es la víctima.

Comenzaron platicando de algo que nada tenía que ver con elecciones, ni otros asuntos políticos y al salir de votar, intercambiaron sus números telefónicos. Esa noche, Manuel le escribió primero: «Holaaaa», así, con varias a, lo recuerda él perfectamente. Amada, por su parte, le contestó y así las conversaciones se extendieron por dos semanas. Todavía no se atrevían a salir.

Pero luego de ese tiempo, ocurrió la primera cita, fue cuando Manuel le pidió a Amada que fuera su novia. Ella aceptó. Esa misma noche, confiesa él, tuvieron sexo en casa de ella. Su casa estaba sola.

Manuel y Amada comenzaron la etapa 1 del enamoramiento, según como el mismo Manuel asegura: «todo era mi amor, te quiero».

Pero la primera señal de violencia de Amada contra Manuel, si se toma en cuenta los tipos de violencia según las Naciones Unidas, ocurrió cuando ella le exigió de manera brusca, alterada y amenazante, el poder revisar su teléfono celular, ya que aseguraba que le era infiel.

Si bien, las leyes contra la violencia de género se han centrado en las mujeres como víctimas debido a que el porcentaje de este flagelo es superior entre ellas, existe otra realidad que apunta a la estigmatización del hombre que es agredido por una mujer, por lo que un mínimo número de hombres víctimas denuncian o exponen sus casos; esto ha conllevado a que sus cifras sean inferiores, siendo desestimadas por todas las organizaciones penales y civiles del mundo.

Tras los seis meses de noviazgo, las agresiones comenzaron a ser físicas: «primero eran empujones, luego cachetadas, hasta que llegaron los palazos».

Ellos eran novios «legales», una forma que tienen los venezolanos de referirse al hecho de que familiares de la pareja sabe, conoce y está de acuerdo con esta relación.

Las veces que Manuel iba a casa de Amada, sobre todo los fines de semana, ella lo agredía porque insistía en que él era infiel. «Ella decía siempre eso, que tenía a otra, pero nunca pudo comprobar eso, porque si se supone que había llegado con ella hasta allá, eso ya dice algo, pero ella no entendía, ella me caía a palos».

Y la familia de Amada conocía de las agresiones, pero Manuel cree que tampoco le llegaron a aconsejar u orientar sobre el peligro. Él pensó varias veces en denunciarla, pero temió, se frustró al pensar que sería la burla de toda Tucupita; una localidad de Venezuela donde todavía existe mucho machismo, homofobia, racismo, entre otros tabúes y estereotipos.

Al octavo mes de noviazgo, Manuel, cansado de todas las agresiones, físicas y psicológicas, decidió poner fin a la relación. Le dijo muy poco a Amada: le agradeció los contados momentos en los que él se sintió feliz junto a ella y le sugirió cambiar con su futura pareja, «si es que va a tener».

La bloqueó de todas las redes sociales, y ahora siente que, al ser publicada su experiencia, su historia, lo librará más.

P.D: Los nombres fueron cambiados a petición de quien llamamos Manuel.

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